domingo, 31 de julio de 2016

HAY UN TIEMPO PARA CADA COSA--#ALICIA SUSANA BAIGORRIA #cuentosenlaeradelarte.




Los cerros ocultan el horizonte.
El rebaño arranca de entre las piedras,  hebras de hierba verde.
Sopla el Zonda entre los pajonales con un silbidito  fino y estremecedor.
En los ojos de las vicuñas se refleja un cielo de un azul profundo salpicado de algunas nubes blancas.
Así imagina el mar. Azules ondas salpicadas en sus crestas con una espuma blanca. Áurea.
De entre sus ropas, saca el instrumento musical y notas melancólicas se exponen al eco de la montaña sonoramente multiplicadas.

Y así creció.
De chango, se hizo mozo. Y se hizo hombre. Cuidando rebaños  y bajando cada atardecer a las casas donde el ganado bajo techo afronta el frío nocturno.

Cuando llegó la carta a nombre de su padre con la notificación de su convocatoria militar su alma se alegró. Debía presentarse en Buenos Aires, en las fuerzas de la Marina! Su sueño de conocer el mar se cumplía! Las pocas imágenes del libro de geografía eran insuficientes para su sed de saber…las páginas sobadas una y otra vez, lucían fotografías deslucidas.
El abrazo del padre siempre callado y silencioso, el llanto de su madre y hermanas al entregarle la modesta vianda para el viaje que le esperaba por delante, quedaron grabados para siempre en su dividido corazón. De la Patria chica a la Patria grande. Dejaba su niñez y juventud enfrentando su joven hombría. Dejó  los cerros hacia la ciudad donde el tren de los sueños lo esperaba. Largas horas de viaje dejaban lugar al asombro de lugares vistos por primera vez. Viaje al sur. De los cerros a la llanura. De la montaña al mar.

Cuando estalló la guerra ya hacía un año que navegaba en un barco que transportaba combustible por toda la costa argentina. Respiraba el salado aire del mar con deleite y una gran sensación de libertad. El buen desempeño era recompensado con frecuentes permisos al año. Allá iba el marino a encontrarse con sus cerros y rebaños, con el silencio del padre y su mirada ancestral profunda, el abrazo y las lágrimas de madre y hermanas, las cuales sonreían ante los regalos que le llevaba procedentes de diversos lugares.
En la última visita, el temor a la guerra se instaló entre ellos. Abrazos, lágrimas y la vianda lo acompañaron de regreso, no en tren, sino en el avión que de Salta lo llevaba a Buenos Aires.

Tres semanas de guerra desgarradora y de informes falseados. La población vivía un poco ajena a esa guerra lejana, salvo los soldados movilizados y sus familias, en sus pueblos del interior vivían un presente terrible.
Su buque suministraba combustible a los barcos afectados al combate directo sorteando misiles marítimos y aéreos.
En esa tarde fría de invierno en las aguas australes su barco fue alcanzado por un misil inglés. Esquirlas del impacto mordieron su pecho hiriéndolo de muerte.

Ese changuito sonriente y felíz, muriendo en el frío austral, bajo el cielo de Malvinas, escuchaba la rítmica respiración del oleaje a la vez que soñaba con el cálido Zonda soplando allá en los cerros, entre los pajonales, mirando en los ojos de las vicuñas el reflejo del cielo. Mar y olas. Cielo y nubes. Mar y olas. 

lunes, 25 de julio de 2016

JUANA-#cuentosenlaeradelarte-#ALICIASUSANABAIGORRIA





Cuando nació, en  los últimos días del invierno, la llamaron Juana.
Nunca conoció a su madre ni a su padre. De sus hermanos, sabe que tiene, pero no los conoce. Ni quienes son, ni dónde viven.
La familia que la crió no la envió a la escuela pero si le enseñaron todos los quehaceres de la casa con dureza y nada de aprecio y reconocimiento por sus esfuerzos.
 Su vida fue signada por la indiferencia , el maltrato y el desamor.
A los dieciseis años, al reunirse con un grupo religioso, su voz se destacó y pasó a formar parte del coro dominical.
Bautizada y adoptada espiritualmente por un matrimonio mayor  dejó esa casa de su infancia y se fué a vivir con ellos los cuales la trajeron a Buenos Aires, quedando atrás su provincia norteña más sus dolorosos recuerdos venían con ella.
A los dieciocho años conoció a su futuro esposo. Un gringo grandote  veinte años mayor quien se llevó la desilusión de su vida, cuando su flamante esposa se negaba y resistía a celebrar su noche de bodas. Cuatro días llorando y temblando. Su fanatismo religioso le jugaba en contra.
Durante su matrimonio de cuatro años, tuvieron dos hijos. Comenzó el maltrato. Fugaces y pocos fueron los momentos de verdadera felicidad. Ella,Juana, una mujer trabajadora, limpia, muy religiosa,  rayando casi casi en el fanatismo, salió a trabajar, para ayudar a la frágil economía de su casa. Claro que su esposo bebía mucho y frecuentaba otras mujeres. Al final, el gringo grandote y mayor, la dejó por otra mujer.
Sola, se le animó a la vida, criando sus hijos, trabajando, dándoles una casa digna, un plato de comida sin lujos y educación.
Sus dos manos le abrieron caminos y mucha gente apreciaba sus servicios. Era una mujer limpia y rápida para los quehaceres.
La vida la sorprendió cuando su hijo menor, le comunicó que iba a ser abuela. Al no tener esposo, toda su vida emocional se centraba en sus dos hijos. por ellos rezaba y bailaba glorificando al Señor en arrebatos místicos.
Y esa noticia la demolió. Su hijo, adolescente, enamorado de una mujer mayor de edad, a quién había embarazado. Todo su odio se volvió hacia ella, y el nieto nunca fue bienvenido.
 Diez años después, otro nieto alegró el matrimonio del hijo. Y su corazón de abuela se conmovió lleno de ternura.Grititos de placer y loas al Señor irrumpian de su garganta que solo vibraba en los himnos cantados cada domingo.Pero el daño estaba hecho. La nuera sólo le tenía resquemor y desconfianza.No olvidaba fácilmente todo el pasado de menosprecio e ira.
Cuando el nieto mayor cumplió veinte años se alejó del hogar para completar sus estudios universitarios y su hermano menor fué el único testigo del derrumbe matrimonial de sus padres. Nieto y abuela se dejaron de ver habitualmente. Muy de vez en cuando el hijo traía al nieto a la casa de Juana. El único nieto amado y reconocido.
Una vez más la desgracia de abandono y sufrimiento se repetía en su vida. Vivió en carne propia el no ver a su nieto preferido y toda la depresión y desilusión de su hijo ante la traición de su mujer.
Recordó el proverbio…” la mujer sabia edifica su casa, pero la tonta la demuele con sus manos”
Sabía que solo se cosecha lo que se siembra.
Entonces como una lluvia torrencial que impide ver el horizonte sus lágrimas se derramaron con un gemido hiriente que atravesó la tarde arrebolada de soles.


lunes, 18 de julio de 2016

AMA DEL MUNDO-ALICIA SUSANA BAIGORRIA








AMA DEL MUNDO




Con equipaje de mano ligero…pero con el bagaje de ilusiones y sueños lleno!!!
Se sentó en la arena mientras el arrullo de las olas le susurraba…-“fantasías, si, pero pueden cristalizarse en cualquier momento. No dicen que si quieres puedes?...Bueno….pues,  puedes!!!”
Y esto hacía que su mirada se perdiera segura en el lejano horizonte, donde el mar se confundía con el cielo.
Y así era su andar también. Seguro. Firme. Sonrió. Y miró a ambos lados.
 En la playa, en la calle, donde fuera, cada cual iba a lo suyo. ¿quién se asombra del que habla solo por la calle? Seguro está conectado al manos libres.
¿y el que sonríe muy a su pesar? Escucha por los auriculares vaya a saber qué!
Incorporándose, se sacudió la arena, apresurando el paso.
Encontró fácil la calle que la llevaba hacia su hotel.
Dentro de su ligero equipaje, encontramos su lapicera preferida, de trazo ancho, con tinta negra, el anotador sin renglones y el celular con diccionario incorporado…y no cualquier diccionario….uno de sinónimos y antónimos…¡ qué placer!...
Un placer dentro de otro placer sus vacaciones en ese lugar caribeño.
Realmente se sentía….¡ama del mundo!



Era más de lo que habían soñado su madre y su abuela juntas…y todas sus tías.
Aunque ellas, había que reconocerlo, viajaban a su manera, unas en la cocina, donde su creatividad viajera se volvía gustos y sabores, vapores y fritangas, todas caricias para el alma, todo manifestación de amor genuino.
Y otras ponían alas en sus manos con agujas e hilos de colores llenando las habitaciones de cojines y edredones cálidos y suaves, amor en los tiempos fríos del invierno.
Cada mujer de su familia había sido ama de su mundo interior que preservaban celosamente y ella era igual.
Anochecía. Su sombra, inquieta, se alargaba o acortaba según alcanzaba los farolillos del malecón, y los superaba.
Cuando sintió el frío ardiente que se acomodó en sus costillas no entendió nada. Después si. Alguien le arrebataba el bolso y se perdía a la carrera. Se desplomó sin sonidos, manoteando al aire, el que poco a poco le  faltaba.
Sonrió pensando…¡ama del mundo ¡ ja… señora de la muerte…dueña de nada.