lunes, 18 de julio de 2016

AMA DEL MUNDO-ALICIA SUSANA BAIGORRIA








AMA DEL MUNDO




Con equipaje de mano ligero…pero con el bagaje de ilusiones y sueños lleno!!!
Se sentó en la arena mientras el arrullo de las olas le susurraba…-“fantasías, si, pero pueden cristalizarse en cualquier momento. No dicen que si quieres puedes?...Bueno….pues,  puedes!!!”
Y esto hacía que su mirada se perdiera segura en el lejano horizonte, donde el mar se confundía con el cielo.
Y así era su andar también. Seguro. Firme. Sonrió. Y miró a ambos lados.
 En la playa, en la calle, donde fuera, cada cual iba a lo suyo. ¿quién se asombra del que habla solo por la calle? Seguro está conectado al manos libres.
¿y el que sonríe muy a su pesar? Escucha por los auriculares vaya a saber qué!
Incorporándose, se sacudió la arena, apresurando el paso.
Encontró fácil la calle que la llevaba hacia su hotel.
Dentro de su ligero equipaje, encontramos su lapicera preferida, de trazo ancho, con tinta negra, el anotador sin renglones y el celular con diccionario incorporado…y no cualquier diccionario….uno de sinónimos y antónimos…¡ qué placer!...
Un placer dentro de otro placer sus vacaciones en ese lugar caribeño.
Realmente se sentía….¡ama del mundo!



Era más de lo que habían soñado su madre y su abuela juntas…y todas sus tías.
Aunque ellas, había que reconocerlo, viajaban a su manera, unas en la cocina, donde su creatividad viajera se volvía gustos y sabores, vapores y fritangas, todas caricias para el alma, todo manifestación de amor genuino.
Y otras ponían alas en sus manos con agujas e hilos de colores llenando las habitaciones de cojines y edredones cálidos y suaves, amor en los tiempos fríos del invierno.
Cada mujer de su familia había sido ama de su mundo interior que preservaban celosamente y ella era igual.
Anochecía. Su sombra, inquieta, se alargaba o acortaba según alcanzaba los farolillos del malecón, y los superaba.
Cuando sintió el frío ardiente que se acomodó en sus costillas no entendió nada. Después si. Alguien le arrebataba el bolso y se perdía a la carrera. Se desplomó sin sonidos, manoteando al aire, el que poco a poco le  faltaba.
Sonrió pensando…¡ama del mundo ¡ ja… señora de la muerte…dueña de nada.







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