viernes, 16 de septiembre de 2016

HIJO DE LA IRA.#CUENTOSENLAERADELARTE. #ALICIASUSANABAIGORRIA.





Cruzó la calle. Con su traje nuevo gris perla, su corbata a rayas, el bigote recortado sobre los labios y el cabello engominado, se sentó en el banco de la plaza y se sacó su primera foto en Buenos  Aires.
Desde su llegada, su vida había experimentado cambio tras cambio. El nuevo trabajo le permitiría alcanzar varias de sus metas ansiadas. Sus orígenes habían sido tan diferentes. Mal trato, violencia familiar y pobreza.
A la edad de siete años, cuando estaba en segundo grado, su mamá se había ido de “ las casas”, acobardada del maltrato que le infligía su esposo. Celos y palizas. Pobreza e infelicidad. Los tres hijos que tenía no pudieron contra el miedo a las golpizas. Con el abandono materno apenas cursó tercer grado la mitad del año, pero sabía leer. ¡Todo su capital era saber leer y hacer las cuentas!
A los dieciséis años se marchó del hogar. Allá quedaron sus hermanos y su padre, quién siempre se ensañaba con él a la hora de los castigos. Diversas tareas se le presentaron en su vida y poco a poco fue ascendiendo en sus pretensiones. La propuesta de estudiar y  rendir exámen para alcanzar un puesto como empleado de ferrocarril fue sumamente tentadora. Y acá estaba, su estandarte, su divisa,  era ser un pulcro empleado cumplidor y fiel a la empresa que todavía conservaba ese orden imperial impuesto por los ingleses. Horarios. Pulcritud. Amabilidad y corrección al atender al público. A cambio, un sueldo digno, obra social, vacaciones, jubilación y un Policlínico Ferroviario modelo en toda Sudamérica.
Decidió ser franco con su novia del pueblo con la que se comunicaba principalmente con cartas desde hacía ya cinco años. Dos veces al mes, tenía permiso para llamarla al teléfono de la casa donde ella vivía. Ingresó al local de la Telefónica donde era conocido por su hablar en voz muy alta cuando lo hacía por teléfono provocando discretas sonrisas en el personal telefónico ya que  creía que por la distancia, no sería escuchado.
Su interés por la lectura le ayudaba a paliar su soledad. Alquilaba una pieza, cocina y baño que quedaba cruzando el patio pero no era compartido con las otras familias. En este marco de circunstancias le propuso casamiento a su novia de siempre.
Recordaba su cabello largo y rubio, ondeado como las espigas de trigo meciéndose en la época de la siega al compás del viento y esos ojos verdes, color esperanza, todo brillo y luz.
Ella aceptó encantada y en contra de su familia adoptiva viajó desde Córdoba a Buenos Aires, ansiosa de ser la dueña de casa de un hogar por fin propio. Se imaginaba con su canasta nueva visitando el mercado, aprendiendo sobre la calidad y el precio de los alimentos a la vez que aprendía a calcular el peso de los mismos, producto tras producto.



Se alojó ella en la casa de una tía materna que la acompañó en los trámites ante el Registro Civil y ante el Juez, ya que ella todavía era menor. Solo tenía veinte años.

¡Qué sorpresa tuvo   cuando en la primera discusión, a la semana de casados, él, en plena furia, como aprendió de su padre, la tomó de los cabellos y la arrastró desde el baño, cruzando el patio, hasta la cocina!

viernes, 2 de septiembre de 2016

SIGUIENDO HUELLAS.#CUENTOSENLAERADELARTE.#ALICIASUSANABAIGORRIA


Siempre buscar en el paisaje ese horizonte azulino. Ése que se diferencia del cielo. Ése que denota la fuente de agua. Energía y luz.
Siempre encontrando en la memoria de la historia humana el don del tejer, el deseo de pulverizar las hierbas extrayendo su jugo coloreante y con arte de manos y sueños tejer la trama misteriosa de las figuras estilizadas.
Buscar la manera de conocer las hierbas curativas en esa ciudad de cemento donde transcurre su vida. Explorar las cualidades curativas del polvo del suelo, del barro, del agua. Y más aún. Las propiedades curativas del aire, de la luz del sol, de la luz de la luna.
Transformarse al amasar la simple harina puesta en la mesa, con su centro de aceite y agua, de sal y levadura. Descansar. Estirar. Dar forma. Descansar. Volver a estirar. Colocar en los moldes. Esperar. Hornear.
La familia le pagaba los estudios. Pero ella sentía dentro de sí otras inquietudes. Desasosiegos experimentados, generación tras generación, por centenares de mujeres de su árbol familiar. Pero no lo sabía con seguridad. Sólo lo intuía.
Buscaba en su madre, la única y más cercana referencia de su pasado, un indicio de similitud. Pero no lo encontraba. Hasta parecía realmente que no fuera hija de ella. Nada compartían en criterios, ni en gustos, ni en esas pequeñas cosas que unen a  las mujeres de una familia.
Ella amasaba. Su madre lo detestaba. Ella leía, su madre no. Ella se perdía en la inmensidad azul del río o del mar, su madre le tenía fobia al agua. Ella amaba escribir, o dibujar, o tocar un instrumento, o modelar telas con la tijera, la aguja, el hilo. Su madre nada de eso. En lugar de preguntarse en que se parecían, más bien deseaba inquerir acerca de sus abuelas a cuales ninguna de las dos conocía todo lo que sentía dentro segura de que ellas tenían la respuesta.
Todo eso sucedía en su interior. En su exterior, ella estudiaba, trabajaba, formaba y dirigía una familia, buscando siempre como satisfacer ese interior lleno y vacío.
Sin guía alguna de parte de las mujeres de la familia se hacía autodidacta, leyendo, aprendiendo, aplicando lo que aprendía…..tejer, bordar, pintar, escribir, acariciar las teclas de un órgano….amasar, cocinar, como medio de expresión hacia el semejante, hacia ella misma , por amor, por necesidad, por altruismo, por compartir, por dar.
Cuando el libro llegó a sus manos, la deslumbró. Lo leyó del principio al fin y en una segunda lectura, llenó cuadernos de apuntes. La información sonaba armoniosamente en sus oídos. No dudaba. Había encontrado algo de un pasado remoto e ignoto que incluía la  sanación espiritual y física. Ahora sí el pasado remoto e ignorado pero siempre intuido cerraba en su presente. Ahora se le aclaró el pensamiento. Ahora le cerraban sus inquietudes tan diferentes de la familia cercana y conocida ante quién no se reconocía.
Buscó sus antepasados originarios. No los colonizadores. Sino los otros. Los dueños de la tierra. Hurgó en la cosmovisión. Siguió las huellas marcadas por generaciones anteriores cual las pisadas en la arena de una playa desierta.
Aprendió el lenguaje extraño y gutural. El lenguaje ahogado. Reprimido. Silenciado por la civilización que era toda una barbarie genocida. Y el lenguaje le dio su nombre. Y ese nombre le dio identidad.
Newen Co…..espíritu o energía del agua. Casualmente, uno de los abuelos remotos se llamaba Mari Co….diez aguas.
Casualmente supo quién era. Y fue completa.



sábado, 27 de agosto de 2016

EL ANILLO DE GRADUACION.#CUENTOSENLAERADELARTE.#ALICIASUSANABAIGORRIA

  El anillo de la graduación


Era su primer empleo. Sin saber de dónde sacó fuerzas,  le comentó a la esposa del dueño: - ¡qué hermoso anillo! La joven señora contestó naturalmente:- me lo regaló papá cuando me recibí.
Se deleitó con el anillo de oro con una piedra verde oscuro. Tal gesto tan amable de un padre para con su hija se quedó grabado en un rincón de la memoria.
Su vida se desarrolló profesionalmente en ese primer trabajo ascendiendo administrativamente y luego en su vida personal; se casó teniendo hijos por los cuales dejó el trabajo y se retiró a una vida hogareña.
Después de cumplir los sesenta años una revendedora de joyas le ofreció un anillito de plata y oro con una piedra negra, muy de moda. Un Bulgary.
El anillo se acomodó elegante en su dedo meñique de la mano derecha. Verlo y acordarse del anillo de graduación que hubiera querido tener a sus dieciocho años como regalo de su padre fue todo un gesto visionario. Preguntó a la revendedora el precio y cómodamente en tres cuotas y con tarjeta de crédito cancelaría la deuda. El anillo en su dedo la acompañaría el resto de su vida.
Al anochecer, chateó con su hermana y pícaramente por medio de la web-cam le mostraba la mano con el anillo a la vez que le decía…-¿viste el anillo que me regaló papá cuándo me recibí? La otra exclamó _ ¿qué anillo? Nunca supe...-¡el que me regaló papá cuando me recibí! enfatizó.
Al mirar por la pantalla la mano de su hermana con el anillito, una sonora carcajada la sacudió…- Ah –exclamó- el anillo de papá - y ambas rieron pícaras y juveniles en su vejez comprendiendo la otra hermana la broma que se le hacía.
La anécdota del anillo de papá llegó a conocimiento de los nietos a quienes la abuela contaba con picardía la broma hecha a su hermana menor.
Rápidamente, la nieta mayor que cursaba el último año de la escuela primaria solicitó a su abuela: -¡Abu…yo también quiero el anillito de papá! cuando egrese…
Riendo, la abuela contestó_:¡Ah…pero hay que egresar de la escuela secundaria! No es válido para la escuela primaria…..jajajajaja_ además, no es regalo de abuelas sino del papá.-¡pero abue! dale…regalamelo insistió zalamera riendo la nieta.
En secreto la abuela comenzó a ahorrar para que cuando llegara esa fecha regalar a su primera nieta el anillo de la graduación no fuera que ya no estuviera viva seis años después, cuando la nieta egresara del secundario.
Claro que este regalo no abarcaría al nieto que egresaba con seis años del jardín de infantes.
Sonriendo pensó que sin querer había puesto en la familia una tradición: regalar un anillo para cada egresado, pero no al egresado del jardín de infantes como ahora también se estila sino al egresado del sexto grado por lo menos.

lunes, 22 de agosto de 2016

EL ENCUENTRO.#ALICIASUSANABAIGORRIA.#CUENTOSENLAERADELARTE.

EL ENCUENTRO

La casa de campo, con sus encalados muros, refulgía a la luz de la luna.
La rodeaban árboles, cuyas ramas desnudas, semejaban brazos alzados en oración ferviente, a un cielo completamente estrellado.
¿O sería que fuera de la ciudad  las estrellas brillaban más?
El ganado dormía acunado por el esporádico pasar del tráfico en la ruta cercana.
Hubiera querido descender ahí mismo.
Pero la postal se esfumó por la ventanilla del colectivo de larga distancia. Devorando kilómetros, se acercaba cada vez más al destino: Buenos Aires.
Quitó su mirada intensa por querer ver en la oscuridad y cerró los ojos. Su mente febril, saltaba de un pensamiento a otro. Esbozó una sonrisa como para mentirle a su cerebro que estaba bien. Espléndida. En calma.
Se atravesaron los puentes.  Zárate dormía, iluminada, abrazada al Paraná. Campana, aún somnolienta, se desperezaba extendiéndose hacia el campo…Otamendi, Río Luján, Escobar.
Cuando descendió con su bolso de mano y la valija, su sombra se derramó solitaria por el asfalto, como desvalida.
Hizo otra vez la mueca de una sonrisa. Suspiró hondo y alzó la cabeza, ademán de que había que afrontar lo que viniese.
Bueno, iba a conocerla.
A ella.
A Brenda.
La pequeña mujer.
Brenda.
La primera nieta.

domingo, 7 de agosto de 2016

CAUSALIDAD-#CUENTOSENLAERADELARTE.#ALICIASUSANABAIGORRIA




Nos encontramos por casualidad o como se dice ahora, por causalidad.
Las canas entremezcladas en tu cabello rubio te daban ese aire distinguido de los señores de cuarenta años. Yo, teñida, parecía la de siempre.
Efusivos y sorprendidos nos saludamos con un beso en la mejilla y tomados de las manos nos miramos un corto pero intenso instante. ¡Tanto tiempo sin vernos! con poco tiempo en nuestras agendas, por lo menos en la mía, entramos en el bar más cercano para conversar más cómodos.
Por la ventana se veían nuestras siluetas y se veían muy bien juntas.
Yo venía de un matrimonio infiel y sin hijos, sobreviviente de un divorcio lastimoso y vos, soltero.
Después de  beber nuestro café el reloj nos señaló, me señaló, que debía irme. Vos, comerciante, estabas en la pausa del mediodía y yo corriendo entre clases horarias de dos colegios diferentes donde enseño inglés. Intercambiamos teléfonos y una promesa de volver a encontrarnos con horario y día señalado al fin de esa misma semana.
Esa tarde, entre clases y transporte por los diferentes colegios de la zona, se pasó rápida e intensamente ocupada, recién al llegar a casa, por la noche, volví a recrear ese increíble encuentro.
Cuando volvimos a encontrarnos, ambos corríamos bajo una lluvia intensa de primavera al mismo bar del primer encuentro. La conversación fue más íntima por los detalles compartidos de los hechos de nuestra vida en ese lapso de  tiempo, veinte años, sin vernos.
Nos conocimos en el colegio secundario a los trece años y dejamos de vernos cinco años después al egresar. No vivíamos en la misma localidad y nuestras vidas tomaron rumbos diferentes.
Me contaste que nunca formaste un hogar porque tenías un amor secreto y que debido a tu timidez e inseguridad adolescente no te habías atrevido a manifestar tu amor.  Y aunque ahora eras un hombre, pensé que tal vez nunca lo dirías.

Yo hablé de mi primer amor. A los dieciocho años me enamoré perdidamente de ese muchacho de mi pueblo que al volver de unas vacaciones veraniegas había conocido otra chica con la que se casó tiempo después y con la que sigue felizmente casado. A mí, el dolor de la desilusión me duró diez años.
Conocí a mi esposo siendo ya una mujer de veintiocho años y él de treinta y cuatro, chófer de colectivo, y yo, profe de inglés entre colegios de diferentes localidades. Seis años estuvimos casados. La crisis se ahondó al no poder tener hijos. Que era yo, que era él. Los estudios médicos dictaminaron que era él. Y su infidelidad quedó al descubierto.
Me contaste que junto con tu padre, manejaban un comercio sito en otra localidad donde vivías con él y que nos encontráramos se debió a trámites municipales. Al fin nos separamos con ganas de seguir juntos conversando. Gentilmente quisiste acercarme a casa pero yo había venido en mi propio auto. Quedamos en llamarnos.
El ajetreo diario acortó la semana. El encuentro no generó ninguna expectativa en mí. Un encuentro con un querido ex camarada de estudios que traía aires renovados a mi vida.
El teléfono sonaba insistente ese fin de semana y corrí para atender. Eras vos y tu invitación para pasar a buscarme e ir en tu auto a cenar.
Terminé de relatarte el epílogo de mi matrimonio, infidelidad, separación y divorcio.
Después de eso, lágrimas, desilusión y sin saber que hacer en una crisis personal que me hundió en la depresión. Otro ex camarada de estudios, pastor de una iglesia cristiana, comenzó a visitarme junto con su mensaje bíblico. Conocí otro Dios tan diferente del mío, cómodo y tolerante. Como todas las heridas, ésta, comenzó a cicatrizarse. De todo esto han pasado seis largos años.
 Cuando todo estaba tranquilo y en su lugar ¡apareciste!
Después de dos semanas de encuentros, vaso de vino por medio, me hablaste de tu secreto de amor. Me hablaste de esa mujer misteriosa que tuvo tanto efecto que te quedaste solo para toda la vida.
De pronto, todo cambió de color.  ¡Me confesaste que esa mujer era yo! siempre te gusté y en secreto me amaste sin hacérmelo saber jamás.

Hoy, en nuestro aniversario número veintitrés, junto a nuestro hijo adoptado, ya a nuestros sesenta y tres años, chocamos nuestras copas en un brindis de futuro y amor.


domingo, 31 de julio de 2016

HAY UN TIEMPO PARA CADA COSA--#ALICIA SUSANA BAIGORRIA #cuentosenlaeradelarte.




Los cerros ocultan el horizonte.
El rebaño arranca de entre las piedras,  hebras de hierba verde.
Sopla el Zonda entre los pajonales con un silbidito  fino y estremecedor.
En los ojos de las vicuñas se refleja un cielo de un azul profundo salpicado de algunas nubes blancas.
Así imagina el mar. Azules ondas salpicadas en sus crestas con una espuma blanca. Áurea.
De entre sus ropas, saca el instrumento musical y notas melancólicas se exponen al eco de la montaña sonoramente multiplicadas.

Y así creció.
De chango, se hizo mozo. Y se hizo hombre. Cuidando rebaños  y bajando cada atardecer a las casas donde el ganado bajo techo afronta el frío nocturno.

Cuando llegó la carta a nombre de su padre con la notificación de su convocatoria militar su alma se alegró. Debía presentarse en Buenos Aires, en las fuerzas de la Marina! Su sueño de conocer el mar se cumplía! Las pocas imágenes del libro de geografía eran insuficientes para su sed de saber…las páginas sobadas una y otra vez, lucían fotografías deslucidas.
El abrazo del padre siempre callado y silencioso, el llanto de su madre y hermanas al entregarle la modesta vianda para el viaje que le esperaba por delante, quedaron grabados para siempre en su dividido corazón. De la Patria chica a la Patria grande. Dejaba su niñez y juventud enfrentando su joven hombría. Dejó  los cerros hacia la ciudad donde el tren de los sueños lo esperaba. Largas horas de viaje dejaban lugar al asombro de lugares vistos por primera vez. Viaje al sur. De los cerros a la llanura. De la montaña al mar.

Cuando estalló la guerra ya hacía un año que navegaba en un barco que transportaba combustible por toda la costa argentina. Respiraba el salado aire del mar con deleite y una gran sensación de libertad. El buen desempeño era recompensado con frecuentes permisos al año. Allá iba el marino a encontrarse con sus cerros y rebaños, con el silencio del padre y su mirada ancestral profunda, el abrazo y las lágrimas de madre y hermanas, las cuales sonreían ante los regalos que le llevaba procedentes de diversos lugares.
En la última visita, el temor a la guerra se instaló entre ellos. Abrazos, lágrimas y la vianda lo acompañaron de regreso, no en tren, sino en el avión que de Salta lo llevaba a Buenos Aires.

Tres semanas de guerra desgarradora y de informes falseados. La población vivía un poco ajena a esa guerra lejana, salvo los soldados movilizados y sus familias, en sus pueblos del interior vivían un presente terrible.
Su buque suministraba combustible a los barcos afectados al combate directo sorteando misiles marítimos y aéreos.
En esa tarde fría de invierno en las aguas australes su barco fue alcanzado por un misil inglés. Esquirlas del impacto mordieron su pecho hiriéndolo de muerte.

Ese changuito sonriente y felíz, muriendo en el frío austral, bajo el cielo de Malvinas, escuchaba la rítmica respiración del oleaje a la vez que soñaba con el cálido Zonda soplando allá en los cerros, entre los pajonales, mirando en los ojos de las vicuñas el reflejo del cielo. Mar y olas. Cielo y nubes. Mar y olas. 

lunes, 25 de julio de 2016

JUANA-#cuentosenlaeradelarte-#ALICIASUSANABAIGORRIA





Cuando nació, en  los últimos días del invierno, la llamaron Juana.
Nunca conoció a su madre ni a su padre. De sus hermanos, sabe que tiene, pero no los conoce. Ni quienes son, ni dónde viven.
La familia que la crió no la envió a la escuela pero si le enseñaron todos los quehaceres de la casa con dureza y nada de aprecio y reconocimiento por sus esfuerzos.
 Su vida fue signada por la indiferencia , el maltrato y el desamor.
A los dieciseis años, al reunirse con un grupo religioso, su voz se destacó y pasó a formar parte del coro dominical.
Bautizada y adoptada espiritualmente por un matrimonio mayor  dejó esa casa de su infancia y se fué a vivir con ellos los cuales la trajeron a Buenos Aires, quedando atrás su provincia norteña más sus dolorosos recuerdos venían con ella.
A los dieciocho años conoció a su futuro esposo. Un gringo grandote  veinte años mayor quien se llevó la desilusión de su vida, cuando su flamante esposa se negaba y resistía a celebrar su noche de bodas. Cuatro días llorando y temblando. Su fanatismo religioso le jugaba en contra.
Durante su matrimonio de cuatro años, tuvieron dos hijos. Comenzó el maltrato. Fugaces y pocos fueron los momentos de verdadera felicidad. Ella,Juana, una mujer trabajadora, limpia, muy religiosa,  rayando casi casi en el fanatismo, salió a trabajar, para ayudar a la frágil economía de su casa. Claro que su esposo bebía mucho y frecuentaba otras mujeres. Al final, el gringo grandote y mayor, la dejó por otra mujer.
Sola, se le animó a la vida, criando sus hijos, trabajando, dándoles una casa digna, un plato de comida sin lujos y educación.
Sus dos manos le abrieron caminos y mucha gente apreciaba sus servicios. Era una mujer limpia y rápida para los quehaceres.
La vida la sorprendió cuando su hijo menor, le comunicó que iba a ser abuela. Al no tener esposo, toda su vida emocional se centraba en sus dos hijos. por ellos rezaba y bailaba glorificando al Señor en arrebatos místicos.
Y esa noticia la demolió. Su hijo, adolescente, enamorado de una mujer mayor de edad, a quién había embarazado. Todo su odio se volvió hacia ella, y el nieto nunca fue bienvenido.
 Diez años después, otro nieto alegró el matrimonio del hijo. Y su corazón de abuela se conmovió lleno de ternura.Grititos de placer y loas al Señor irrumpian de su garganta que solo vibraba en los himnos cantados cada domingo.Pero el daño estaba hecho. La nuera sólo le tenía resquemor y desconfianza.No olvidaba fácilmente todo el pasado de menosprecio e ira.
Cuando el nieto mayor cumplió veinte años se alejó del hogar para completar sus estudios universitarios y su hermano menor fué el único testigo del derrumbe matrimonial de sus padres. Nieto y abuela se dejaron de ver habitualmente. Muy de vez en cuando el hijo traía al nieto a la casa de Juana. El único nieto amado y reconocido.
Una vez más la desgracia de abandono y sufrimiento se repetía en su vida. Vivió en carne propia el no ver a su nieto preferido y toda la depresión y desilusión de su hijo ante la traición de su mujer.
Recordó el proverbio…” la mujer sabia edifica su casa, pero la tonta la demuele con sus manos”
Sabía que solo se cosecha lo que se siembra.
Entonces como una lluvia torrencial que impide ver el horizonte sus lágrimas se derramaron con un gemido hiriente que atravesó la tarde arrebolada de soles.


lunes, 18 de julio de 2016

AMA DEL MUNDO-ALICIA SUSANA BAIGORRIA








AMA DEL MUNDO




Con equipaje de mano ligero…pero con el bagaje de ilusiones y sueños lleno!!!
Se sentó en la arena mientras el arrullo de las olas le susurraba…-“fantasías, si, pero pueden cristalizarse en cualquier momento. No dicen que si quieres puedes?...Bueno….pues,  puedes!!!”
Y esto hacía que su mirada se perdiera segura en el lejano horizonte, donde el mar se confundía con el cielo.
Y así era su andar también. Seguro. Firme. Sonrió. Y miró a ambos lados.
 En la playa, en la calle, donde fuera, cada cual iba a lo suyo. ¿quién se asombra del que habla solo por la calle? Seguro está conectado al manos libres.
¿y el que sonríe muy a su pesar? Escucha por los auriculares vaya a saber qué!
Incorporándose, se sacudió la arena, apresurando el paso.
Encontró fácil la calle que la llevaba hacia su hotel.
Dentro de su ligero equipaje, encontramos su lapicera preferida, de trazo ancho, con tinta negra, el anotador sin renglones y el celular con diccionario incorporado…y no cualquier diccionario….uno de sinónimos y antónimos…¡ qué placer!...
Un placer dentro de otro placer sus vacaciones en ese lugar caribeño.
Realmente se sentía….¡ama del mundo!



Era más de lo que habían soñado su madre y su abuela juntas…y todas sus tías.
Aunque ellas, había que reconocerlo, viajaban a su manera, unas en la cocina, donde su creatividad viajera se volvía gustos y sabores, vapores y fritangas, todas caricias para el alma, todo manifestación de amor genuino.
Y otras ponían alas en sus manos con agujas e hilos de colores llenando las habitaciones de cojines y edredones cálidos y suaves, amor en los tiempos fríos del invierno.
Cada mujer de su familia había sido ama de su mundo interior que preservaban celosamente y ella era igual.
Anochecía. Su sombra, inquieta, se alargaba o acortaba según alcanzaba los farolillos del malecón, y los superaba.
Cuando sintió el frío ardiente que se acomodó en sus costillas no entendió nada. Después si. Alguien le arrebataba el bolso y se perdía a la carrera. Se desplomó sin sonidos, manoteando al aire, el que poco a poco le  faltaba.
Sonrió pensando…¡ama del mundo ¡ ja… señora de la muerte…dueña de nada.